– Afromexicanas luchan contra la invisibilización y la exclusión histórica. – Mujeres afrodescendientes enfrentan invisibilización histórica y racismo estructural, además cuestionan el feminismo blanco; su lucha las ha llevado a impulsar una agenda colectiva basada en el combate a la desigualdad racial y de género
por Ibeth Cardona| Imagen Arte: Minoz | Reporte Indigo |04 de Marzo de 2026 00:02 hs. En México, más de 3.1 millones de personas se autoreconocen como afromexicanas, pero su identidad aún es cuestionada y, en muchos casos, negada. El término “afrodescendiente” aún enfrenta desconocimiento en amplios sectores del país, pese a que, según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 51 por ciento de esta población son mujeres.
México se asume como una nación diversa y pluricultural; sin embargo, la historia oficial ha relegado al pueblo afromexicano, cuya presencia data de la época colonial. Las poblaciones africanas llegaron al territorio como parte de las huestes españolas y, principalmente, a través del comercio transatlántico de personas esclavizadas. Su descendencia forma hoy parte esencial del tejido social y cultural del país.
La activista Krhistina Giles, integrante de la Red de Mujeres Afrodescendientes, sostiene en entrevista, que la comunidad afromexicana ha sido invisibilizada durante más de cinco siglos. Atribuye esta exclusión a un racismo estructural que se originó en el sistema colonial de castas y que, afirma, sigue reproduciéndose en la actualidad.
“En todas partes de Latinoamérica llegó la huella negra, llegó la raíz negra, llegó la etnia negra, mezclada a lo largo de los años y algo muy siniestro de la historia negra en México con un sistema colonial de castas, que es lo que ha separado y ha dividido”, describe.
Giles advierte que la invisibilización funciona como un mecanismo de racismo que perpetúa desigualdades, incluso dentro de los propios pueblos y comunidades originarias, donde aún existen obstáculos para el reconocimiento pleno de la identidad afrodescendiente.
“Es un pilar fundamental para la identidad del mexicano. Reconocer que ese valor sociocultural nos hace ver la opresión que han vivido durante mucho tiempo las poblaciones afroamericanas y afroamexicanas, esto a partir de la toma de sus derechos”, explica.
No fue sino hasta 2019 cuando el Senado aprobó la reforma constitucional que reconoce al pueblo afromexicano como parte de la composición pluricultural de la nación. Actualmente, estas comunidades se concentran principalmente en el Estado de México, Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco.
La mayor presencia se encuentra en la región de la Costa Chica de Guerrero, particularmente en los municipios de Ometepec y Cuajinicuilapa, así como en el distrito de Jamiltepec, en la costa de Oaxaca, integrado por 24 municipios. Allí, la identidad afrodescendiente no sólo resiste al olvido, sino que exige visibilidad, derechos y un lugar pleno en la narrativa nacional.
Mujeres afrodescendientes niegan el feminismo blanco
“Las mujeres que somos racializadas o afrodescendientes negamos el feminismo blanco como un punto de partida para, inclusive, identificarnos (…) El asunto es que el feminismo blanco se plantea desde un lugar donde muchas de nosotras no estamos”, puntualizó la activista, quien añade que desde las comunidades afro optan por lo colectivo y no desde el individualismo.
El feminismo blanco ha sido señalado de contar un enfoque hegemónico y que se centra en experiencias, prioridades y privilegios de mujeres blancas occidentales. Las cuales suelen ignorar las intersecciones de mujeres racializadas, clase trabajadora o indígenas. Lo que sigue permitiendo otro tipo de violencias.
“Nuestro principio parte del Ubuntu, partimos de la colectividad y no del individualismo. El principio de la lucha feminista parte de un lugar de privilegio para poder, inclusive, pensar, analizar y generar todos estos constructos, para avanzar en el momento histórico para las mujeres, pero eso no se veía: una brecha de desigualdad socioeconómica sobre quienes sí pudieron llegar a decir, a poner las ideas, a avanzar las cuestiones hasta políticas. Son lugares que históricamente se nos han negado a las mujeres afrodescendientes”, señala.
Krhistina Giles añade que si bien existe un avance en materia de equidad de género, esta se ve muy alejada de la equidad racial. Apunta que desde la Red de Mujeres Afrodescendientes se trabaja en crear programas enfocados en las poblaciones afro.
La entrevistada destaca que se debe iniciar desde la armonización de las leyes para avanzar en la creación de programas para abarcar todas las instancias. Añade la necesidad de aplicar un censo con todos los matices para entender realmente cuáles son las necesidades de las personas afrodescendientes dependiendo de la región que habitan.
También es necesario, asegura, sensibilizar desde una perspectiva antirracista a funcionarios públicos, y que se abran escaños especiales para que se pueda trabajar en conjunto con el gobierno, educación y cultura.
“Queremos dignificación de nuestras historias, queremos espacios de visibilidad, pero no por una representatividad vacía, sino que eso aporte para que también caminen los derechos civiles de las poblaciones. De nada me sirve ser visible y tener una súper hiper representación, si la realidad allá atrás atrás en los pueblos no está cambiando. La representatividad también tiene que tener un efecto”, concluye.
Racismo en comunidad afrodescendiente
En la Ciudad de México, el color de piel puede determinar el trato que se recibe en un hospital, en la calle o frente a una autoridad. El racismo contra la población afrodescendiente no es un hecho aislado, sino una práctica cotidiana que se manifiesta en estereotipos, violencia institucional y negación de derechos, advierte la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México.
El organismo señala que la discriminación opera desde múltiples aristas. Las personas afrodescendientes enfrentan creencias arraigadas que las encasillan por su tono de piel, forma de hablar, origen étnico o condición social. Se les atribuyen supuestas “mejores condiciones físicas”, un prejuicio que deriva en ideas falsas, injustas y peligrosas que impactan directamente en su integridad.
La activista e integrante de la Red de Mujeres Afrodescendientes ejemplifica que estos estereotipos afectan de manera particular a las mujeres negras, quienes pueden ser víctimas de violencia obstétrica bajo la premisa de que “son más fuertes”.
“Si eres una mujer más negra o te ves fenotípicamente más negra, piensan que las mujeres negras son más fuertes; por lo tanto, dejan a la señora que está pariendo muchísimo más tiempo en espera para ser atendida”, denuncia.
A ello se suma el acoso en la vida cotidiana: sus cuerpos son cosificados y sexualizados a partir de estigmas que las hipersexualizan, lo que abre la puerta a distintas formas de violencia.
Con frecuencia, las personas afrodescendientes son consideradas extranjeras, indocumentadas o “sospechosas”, al no reconocerse sus cuerpos racializados como parte de la identidad mexicana.
En este contexto, la discriminación puede escalar hasta la negación de derechos sociales o servicios en instituciones públicas, donde se cuestiona su origen étnico, nacionalidad o residencia. Así, el racismo no sólo estigmatiza: limita el acceso pleno a la ciudadanía.
Extranjerización, hipersexualización y colorismo
La activista, Krhistina Giles señala que dentro de las múltiples violencias que viven las mujeres afrodescendientes está la “extranjerización”, es decir, la negación constante de su identidad como mexicanas al ser percibidas como mujeres racializadas.
“El perfilamiento racial: te veo como te trato porque depende de qué tipo de etnia me represente (…) el racismo se ha aplicado desde la pigmentocracia, el colorismo y el perfilamiento racial, el hecho de que nos persigan en los supermercados, de que a mí sea la única que me revisen más exhaustivamente en un aeropuerto. El hecho de que me pidan mi credencial para votar cada vez que voy pasando algún módulo de migración”, describe.
Por otra parte, hace énfasis en la hipersexualización, misma que no sólo sufren las mujeres, sino también los hombres negros. Esta violencia, también se ha anclado pese al paso de los años. Durante la esclavitud las mujeres negras sufrieron de múltiples violaciones y fueron culpadas de «incitar» a los hombres.
Se busca protección de la población afromexicana y promoción de sus conocimientos
Reconocer al pueblo afromexicano no es un gesto simbólico: es una pieza clave para comprender qué significa ser mexicano.
Para la activista Krhistina Giles, el debate no sólo atañe a una población históricamente marginada, sino a la construcción misma de la identidad nacional y a las historias que han sido negadas por siglos.
Giles subraya que el reconocimiento implica un ejercicio profundo de memoria y conciencia social:
“Hay que empezar por uno, nuestras identidades, quiénes somos, desde dónde grita nuestra piel, qué historia qué historia narran nuestros rasgos físicos, qué historia narra a los que no vemos, qué historia narra a nuestros genes y nuestras historias no contadas.
“Quizás tenemos historias negadas y que han traspasado los siglos y creo que empezar por uno en esa investigación identitaria nos hace también tomar un poco más de sensibilidad hacia hacia ese rezago histórico que hemos vivido muchas de las poblaciones afrodescendientes y racializadas”, puntualiza.
En 2019, el reconocimiento de los pueblos afromexicanos quedó establecido en la Constitución Política, con el objetivo de garantizar un mayor acceso a sus derechos y su inclusión plena en la vida pública del país. Esta reforma sentó las bases para la protección y promoción de sus conocimientos tradicionales, así como de su patrimonio cultural, artístico, material e inmaterial.
El marco constitucional también insta a las autoridades a adoptar medidas efectivas de trato igualitario y consulta, orientadas a combatir prejuicios y estigmas, además de prevenir, atender, sancionar y erradicar las violencias contra personas racializadas. Como parte de este proceso, se plantea impulsar la autoadscripción de las personas afrodescendientes mediante campañas de información y sensibilización que fortalezcan su reconocimiento.
En esa ruta, la Agenda Nacional contra el Racismo 2024 estableció recomendaciones para profundizar las políticas públicas dirigidas a las poblaciones afromexicanas. Entre los puntos centrales destaca la incorporación y participación activa de comunidades racializadas, afromexicanas y de pueblos originarios en el diseño, implementación y evaluación de dichas políticas.
Asimismo, se propone incluir variables étnico-raciales en los diagnósticos y evaluaciones, a fin de identificar impactos diferenciados y evitar que la desigualdad quede invisibilizada en las estadísticas. No obstante, la Agenda advierte que el reconocimiento formal no es suficiente: las políticas deben incorporar un enfoque de justicia racial que permita reparar los daños históricos acumulados y cerrar brechas estructurales que persisten hasta hoy.